Los trenes de alta velocidad (TAV) de Japón y de China, son conocidos en todo el mundo por su excelente funcionamiento.

Shinkansen, en japonés “nueva línea troncal”, es la red ferroviaria de alta velocidad de Japón.

Japón recorría esta línea con sus famosos “trenes bala” y fueron los pioneros de alta velocidad ferroviaria en el mundo.

En el año 1964, Japón dio el pistoletazo de salida al desarrollo de los TAV, y el archipiélago ha sido capaz de mantener y de actualizar la infraestructura.

El Tren de alta velocidad de Japón, vertebra gran parte del archipiélago con una frecuencia similar a la del metro. Sus diferentes modelos de tren son cómodos, limpios, y no se retrasan ni un minuto. Los precios de los billetes son similares a los del AVE español y siempre van casi llenos. Según los diferentes modelos de tren, la velocidad oscila entre los 270 km/h y los 320 km/h, una cifra que marca actualmente el tope de la red japonesa.

En la vecina china, también han logrado una gesta sin precedentes: construir en dos décadas la mayor red de TAV del mundo, extendiéndose hasta 29.000 KM, y este año planea sumar otros 3.200.

Así que, ahora China y Japón compiten en igualdad de condiciones cuando salen al mundo en busca de proyectos. Sus respectivos países se les han quedado pequeños a las empresas locales y el objetivo es construir trenes de alta velocidad por el resto del planeta.

De momento, China va por delante. Suyo es el ambicioso proyecto para vertebrar el sudeste asiático desde Pekín hasta Singapur, y muchos otros planes que se han ido delineando a lo largo de la Nueva Ruta de la Seda.

 

 

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